Renta Básica Universal de Jubilación – Introducción

«Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad» . Así reza el Artículo 50 de la Constitución Española, que, en su conjunto, fue aprobada por el 87,78% de los votantes que depositaron su voto en las urnas el 6 de diciembre de 1978, o el 58,97% de los españoles llamados a votar, o, lo que el lo mismo, el 42,36% de la población total residente en España ese mismo año.

Sin embargo, mucho ha cambiado desde entonces. Si en el año en el que los
españoles fueron llamados por segunda vez a unas elecciones libres, después de más de 36 años de dictadura, la tasa de fertilidad en el país era de 2,54 niños de media por mujer, en 2015, según las cifras del Banco Mundial, solo se producían en España 1,32 nacimientos por cada mujer.

Afortunadamente, de manera opuesta a ese hundimiento en el ritmo de crecimiento de la población, los españoles han aumentado en más de diez años su esperanza de vida al nacer, una cifra que, según la información que ofrece la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha pasado de 71,3 años el ejercicio en el que tuvo lugar el referéndum a 83 años actualmente.

Esta buena noticia, impulsada por el desarrollo de nuevas investigaciones en materia médica y farmacéutica, por el contrario, ha permitido que la población total no haya parado de crecer, pese a que cada vez hay menos nacimientos. Al margen del impacto medioambiental y de los efectos inmediatos en la escasez e insuficiencia de los recursos naturales, el alargamiento de la vida ha originado un profundo cambio en la pirámide poblacional de los países, especialmente en España.

Nuestro país presentaba, en el año 1975, una pirámide expansiva de población, cuya representación gráfica consta de una mayor base, apoyada en el grupo con mayor número de personas: los jóvenes, y se va estrechando a medida que se tiene en cuenta lo grupos de mayor edad, por ese entonces, los minoritarios. Cuarenta años después, la pirámide, según la Organización de Naciones Unidas es ahora de tipo constrictivo, en el que la base, es decir, la población de menor edad, es ahora la minoritaria, y la población envejecida, por su parte, es la mayoritaria.

De cara al futuro, las proyecciones de la ONU no son muy halagüeñas. En los próximos años, la pirámide continuará ensanchándose en su parte alta, hasta que, a finales de siglo, todos los grupos de edad, jóvenes, personas de mediana edad y mayores, tengan todos el mismo número de componentes.

Todos estos factores demográficos se vieron disparados a partir de la década de los setenta y ochenta a raíz del cambio radical efectuado en la política monetaria de influencia keynesiana, que vinculó el precio del dólar al oro, con la nueva ‘desregulación’ en el precio del dinero, y las continuas política neoliberales impulsadas por los Gobiernos de Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos, enfocadas a la reducción de impuestos, lo que “justificaba” el descenso del gasto público, y con ello la retirada de servicios públicos, y el aumento desenfrenado de la deuda, a través de la cual el sistema financiero, dirigido por grupos empresariales que formaban oligopolios, no paraba de engordar y fortalecerse, lo que, a su vez, les atribuía más poder ante el resto de agentes económicos.

Las primeras consecuencias de todas estas políticas fueron el aumento de las desigualdades sociales, donde las grandes fortunas consiguieron aumentar su patrimonio, al mismo tiempo que los grupos de población con menos renta perdieron capacidad adquisitiva, y la acumulación de deuda para los Estados, apoyado en un sistema financiero ficticio que llegó a explotar en el año 2007, y cuyos efectos, han ocasionado, y seguirán haciéndolo, que el gasto público se reduzca, puesto que las políticas keynesianas anticíclicas no pueden encajar en un sistema político en el que la reducción de impuestos y las promesas de gasto son en momentos restrictivos del ciclo las únicas vencedoras.

Así las cosas, el 1% más rico de la población española en 1981 percibía el 7,6% de los ingresos totales, mientras que, en 2007, el año en el que el sistema financiero mundial colapsó, el 12,7% de los ingresos lo retenían ese mismo 1% de los españoles, una cifra que casi dobla el dato registrado dos décadas antes, según los datos recabados en el Informe Global de Desigualdad, de World Inequality Lab.

En este entorno de fuertes desigualdades, que ha provocado que hasta el 27,9% de la población española se encuentre en riesgo de pobreza o exclusión social, cuatro puntos más que el dato registrado por Eurostat en 2006, la revalorización anual de las pensiones del 0,25% durante los últimos cuatro años ha sido el elemento principal para que los jubilados españoles hayan protagonizado las mayores protestas de los últimos años.

De hecho, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) referente a marzo de 2018, mes en el que las manifestaciones de los pensionistas alcanzaron su clímax, la preocupación de las pensiones ha escalado a máximos históricos, y ya es uno de los tres principales problemas en España para el 15,5% de los españoles, frente al 8% registrado en el mes de febrero de este mismo año, lo que supone un avance de 7 puntos en apenas 30 días y de más de 12 puntos en relación a la preocupación que solía mostrar el CIS durante los últimos 20 años.

(continuará)

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