¿Quién dijo independencia?

Cuando eres niño sueñas con ser mayor, te pones en el lugar de tu hermano mayor, sí, conduciendo un coche, ¡qué gran símbolo de libertad!, escuchando la propia música que tú mismo has escogido, nadie te puede decir nada, qué hacer y qué no hacer. Te imaginas decidiendo qué programa de televisión quieres ver sin que nadie decida por ti, qué estudiar y qué no estudiar, si quieres hacer la cama o no quieres hacerla, qué golosinas comprar, cuándo despertarte… pura independencia.

“¡A cenar!”, rompe tu padre en un grito ante el cual poco se puede hacer. Dejas de soñar con un futuro de libertad encarnado en una lluvia de chocolatinas, de juguetes, de decisiones libres, de un momento en el que nadie te diga a qué hora cenar.

De bruces con la realidad

Y cuando llega el momento de la verdad, la cruda realidad, como siempre, te defrauda. Llegan las facturas, lo precios, el sudor. La independencia soñada pierde su aspecto idílico para entrar en lo terrenal, en lo empírico: “vaya, nada de esto es como me prometieron”.

En la novela ‘Un Mundo Feliz’, Aldous Huxley retrata un futuro en el que la cadena de producción se ha impuesto como el nuevo y único modelo económico mundial. Las propias personas son creadas de forma industrial y criadas para satisfacer un propósito en el mundo.

En este mundo ‘distópico’ se crean clases altas y bajas a propósito y a cada individuo se le inculca la idea de pertenencia para que nunca se rebele contra el sistema. Si en algún momento alguien tiene la más mínima idea de rebelión, de crisis existencial, o la experiencia de un momento duro, innato al ser humano, se arregla con una dosis de ‘soma’, una especie de medicina que anula cualquier sentimiento negativo.

Felicidad vs Verdad y Belleza

Hay un mensaje, según mi interpretación, que rodea toda la novela: una fórmula mágica que no solo resume ese mundo utópico -o distópico, de acuerdo a la visión de cada uno-, sino también el nuestro. La felicidad es la pura ignorancia, la cual llega al anular aquello que es la ‘verdad’, también llamada ciencia, y sin la intromisión de la cultura, que es lo que despierta en el ser humano la llama de la sabiduría.

Durante la historia del hombre, y en ello encuentran a Henry Ford como máximo representante, el hombre siempre ha perseguido la plena felicidad. Es por ello que en ‘Un Mundo Feliz’ proponen al fundador de la famosa compañía automovilística como su único Dios, debido a la instauración de la cadena de producción en masa, lo que trajo consigo el consumo indiscriminado -tal cual hacemos ahora-, y con ello la ignorancia, es decir: la felicidad.

El caso es que para alcanzar esta felicidad, el hombre ha de renunciar a la cruel verdad y a la cultura. En ese mundo se prohíbe leer libros profundos o ver películas que inciten al humano a pensar, en aras de olvidar nuestra propia historia y solo preocuparnos por consumir.

He ahí donde la fórmula cobra importancia. Está claro que bajo ese punto de vista la felicidad es sinónimo de ignorancia, es sinónimo de infancia, y se opone a la verdad, a la ciencia, que es sabiduría. Simula a un niño despreocupado, que hace lo que quiere, que no sabe nada de facturas, de precios ni de sudor. Es ignorante y ante los sueños que tiene con llegar a ser mayor, los cuales en realidad son falsos, puesto que no se presentarán tal cual los ve en sus visiones, solo le queda una opción: tomar ‘soma’ para reformar su felicidad a través de la ignorancia y olvidar la verdad.

La lucha, la cultura, la belleza

Sin embargo, es aquí donde entra en acción la belleza, nuestro pertenencia a un sector de la sociedad: la cultura de cada uno. A lo largo de la historia, esta belleza ha supuesto la lucha por aquello que se nos prohíbe. Es la rebelión de la infancia, del niño que quiere ser mayor y no se lo permiten.

Y luego viene la decepción: tras la rebelión siempre vuelve la restauración y la opresión, esta vez incluso mayor que antes. Solo hay que ver cómo acaban todas las revoluciones. Pero hay una alternativa: tomar ‘soma’ y volver a ser feliz, olvidarte de tus antepasados, de tu pertenencia a la sociedad, volver al consumismo y a la ignorancia. En resumidas cuentas, a la infancia.

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