La Unión Europea, esa gran contradicción

By

Hace sesenta años, un 25 de marzo, se firmaba en Roma el que iba a ser el proceso de integración mundial más exitoso de la historia: la Comisión Económica Europea. España, inmersa en su profunda autarquía, tardaría en unirse a este prometedor club hasta treinta años. Tres décadas más tarde, España lidera el crecimiento económico de la Unión Europea de los países fundadores. Sin embargo, nuestro país también lidera otras tablas igual de importantes, pero si les damos la vuelta. Entre ellas, la tasa de paro, la población en riesgo de pobreza y exclusión social, el abandono escolar, la desigualdad, el subempleo, el gasto en investigación y desarrollo, el gasto público, el gasto social…

Además, España ha pasado de tener apenas un 40% de deuda e incluso superávit presupuestario, ambos parámetros envidiables para países como Italia, Grecia o Portugal, a ser el Estado Miembro con mayor déficit y con una deuda superior al 100% del Producto Interior Bruto.

La Unión Europea prometía abanderar el progreso social a lo largo y ancho del mundo, la cara positiva de la globalización, el nexo común entre ciudadanos de distintas culturas y los valores de solidaridad,  en resumidas cuentas, el himno de la alegría.

Orígenes de la Unión Europea

Allá por el año 1951, después de la destrucción masiva que generó la Segunda Guerra Mundial, dos de los países con mayores hostilidades a lo largo de la historia, Alemania y Francia, firmaban un Tratado para regular el sector del Carbón y Acero, principales materias para el rearme armamentísticos. Un hecho histórico, la Comunidad Económica del Carbón y Acero, marcaría el principio de una larga historia de éxito para evitar una guerra entre ambos países. De estos dos materiales se pasó al conjunto de toda la economía, posteriormente a la libre circulación de personas y capitales y finalmente a una política monetaria con la creación del euro y el cambio de nombre en 1993 a Unión Europea con quince países.

Y de ahí, a ser los cerdos de Europa. Así es, a los países del norte se les ocurrió llamar a los países “vagos” del club con el término PIIGS (Portugal, Italy, Ireland, Greece, Spain). ¿Alguien piensa que Alemania iba a permitir a los cigarras del sur compartir la misma moneda, unos presupuestos, unos aranceles sin nada a cambio? ¿O quizá les convenía pero tenían que llamarnos cerdos para que realmente nos lo creyéramos y pasar a ser súbditos?

La tiranía del más fuerte

Algo parecido para en el entorno laboral, sobre todo en grandes compañías internacionales dedicadas a la hostelería como Starbucks o McDonalds. En muchas ocasiones, tal y como relata el periodista Günter Wallraff en Los perdedores del mejor de los mundos, se intenta culpar al trabajador incluso cuando cae enfermo por “dejar tirado” a sus compañeros, un juego psicológico que hace al empleado acabar formando parte de una secta más en lugar de una empresa.

España ha sigo la gran beneficiaria de los presupuestos europeos, en concreto hasta 135.000 millones de euros desde que nos incorporamos a la UE. Esto, por supuesto en términos absolutos. ¿Pero es cuantificable lo que ha podido ganar Alemania a costa de España?

El país germano siempre ha tenido un comportamiento basado en la poca demanda interna, es decir, en el poco gasto que hacen sus habitantes. Se trata de una país export-led, que soporta su crecimiento gracias a las exportaciones. ¿A quién le envía esas bienes exportados? Se los vende a los Cerdos. ¿Y qué hace con el dinero que recibe por esas compras? Se los presta a los mismos Cerdos.

Así es como en España nos comimos todo el crédito alemán creado del reciclaje de su superávit por cuenta corriente proveniente de nuestras propias compras a los alemanes. Nos saturaron de crédito, construimos autopistas, compramos ladrillo bajo el mar y además los tipos de interés del Banco Central Europeo, fijados en el nivel óptimo para ayudar a Alemania a relanzar su actividad, todavía motivaban más en gasto en la economía española, cuando lo necesario para España en ese momento era contener el gasto – con tipos de interés bajos-. Pero claro, a Alemania, que España gastase le venía muy bien.

Tras todos estos años de recesión, el desempleo en el país germano está mucho mecho mejor que antes de la crisis. De hecho, en 2003, tanto Francia como Alemania tuvieron un déficit superior al permitido y sin embargo no se les impuso ninguna multa. Ahora, el país gobernado por Angela Merkel tiene el mayor superávit en 25 años.

Por otro lado, la propia naturaleza de la burocrática Unión Europea, y antítesis a sus ideales de solidaridad, justicia y ciudadanía, ha arrastrado a los PIIGS a un agujero sin fondo. En concreto el Programa de Estabilidad y Crecimiento propuesto por el ministro de finanzas alemán en 1997 a través del cual ningún país podía tener un déficit superior al 3% o una deuda superior al 60% del PIB.

En caso de tenerlo, habría que aplicar medidas de austeridad dispuestas a corregirlo. Sin embargo, una vez aplicadas en España, en vez de corregirlo, como es lógico lo han agravado. Pero una vez aplicadas este tipo de medidas ya no hay vuelta atrás.

La Europa de la solidaridad

Europa tiene un presupuesto del 1% del PIB dedicado en su mayoría a labores sociales de redistribución, como la ayuda al empleo, a erradicar al pobreza, a sostener a nuestros agricultores cuando lo necesitan, a incorporar a los países más pobres del Este contribuyendo a su bienestar… Además, la UE representa el 57% de toda al ayuda humanitaria del mundo a los países del Tercer Mundo. Tiene un Tribunal de Justicia que consigue realmente ejercer la justicia necesaria en nuestros tiempos. Cuenta con una moneda fuerte, unas condiciones laborales y sociales pioneras en el mundo y unas estructuras sólidas capaz de hacer frente a Estados Unidos.

Sin embargo, esa es la gran contradicción de esta Unión, por una parte. defendiendo los derechos laborales y por otra intentando pactar con los norteamericanos Tratados de Libre Comercio que podrían hacer retroceder a esa gran lista de derechos conseguidos. Por una parte, gastando una gran suma de dinero común en hacer desaparecer la pobreza del continente y por otra, obligando a que algunos países tengan que hacer unos esfuerzos -la austeridad- que solo consiguen aumentar la pobreza.

Europa necesita una Unión verdadera, una unión que homogeneice a sus países y en los cuales se puedan aplicar las mismas medidas a todos. De otra forma, crecerán populismos de derecha que radicalicen a la sociedad o de izquierdas que acaben con la integración europea al ver que no hay otra salida.

Leave a Comment

Your email address will not be published.

You may also like

www.000webhost.com