Trump, el nuevo flautista de Hamelín

Racista, populista, machista y homófobo. Así es como se ha vendido Donald Trump, el próximo presidente de la nación más importante del mundo. Él mismo dice ser un antiestablishment, proteccionista y antiglobalización, un cócktail al que hace unos días el gran Wyoming definía acertadamente como “fachaflauta”. La fachada, como la arrogancia típica de un showman al afirmar que México pagará la construcción de un muro en la frontera, es un producto de marketing ya demasiado exprimido por algunos líderes europeos que buscan en el voto popular un anhelo de nacionalismo frente a la inmigración. En cuanto a la flauta, más parecida a la de Hamelín, parece haber engañado a muchos niños a creerse ese mensaje sobre el fin del librecambismo para llevárselos a su propio terreno. En realidad, parece que tanto la fachada como la flauta es solo un cuento que le ha valido a Trump para hacerse con la victoria.

Ya hay muchas opiniones al respecto, y es que, sus propósitos de retroceder en el tiempo en cuanto a derechos civiles solo son vistos como una mera llamada electoral. En cuanto a la defensa del proteccionismo, parece estar encaminado hacia el mismo desenlace, es decir, a no llevarlo a cabo. Pero, ¿y si se hace realidad?, ¿Y si el magnate neoyorkino no es solo un tipo ambicioso capaz de soltar cualquier término macabro para conseguir el poder, sino un loco capaz de cargarse el mundo?

Su política va encaminada a bajar todos los impuestos de forma regresiva y hacer que todos los contribuyentes graven sus rentas bajo los mismos tipos, incrementando seriamente la desigualdad. Además, quiere aumentar el gasto público en un billón de dólares destinado a infraestructuras. Estas políticas expansivas aumentarían significativamente la demanda agregada y por consiguiente, llevarían la inflación a unos picos sin precedentes. Ante este panorama, la subida inmediata e intensa de tipos sería imposible de evitar con lo que se llegaría a un escenario evidente de subida de precio del dólar. De esta forma, Estados Unidos se habría convertido así en un excelente comprador, sobre todo de economías asiáticas. Sin embargo, las exportaciones se reducirían abruptamente conduciendo a un gran déficit en la balanza exterior.

Es en ese momento cuando lo prometido por Trump entraría en acción: ante un déficit exterior tan grande, cerraría fronteras, eliminaría cualquier tratado de libre comercio e impondría fuertes aranceles. Este modelo autárquico es el que Trump reclama para salvar a sus conciudadanos del demonio de la globalización y así hacer América grande otra vez. El problema es que quizá, ni el republicano ni el conjunto de los americanos votantes de éste, se hayan dado cuenta que todo lo grande que siempre ha tenido América hasta ahora es gracias al resto del mundo, a la inmigración, a los baratos productos tecnológicos que hacen falta para componer los diseños de Silycom Valley, a las guerras en suelo exterior que han llevado a cabo…

El TTIP no era el mejor tratado de libre comercio, pero no porque éste sea malo, sino porque Estados Unidos aún tiene mucho que hacer en materia de derechos laborales para poder estar al nivel europeo. La flauta que ha estado tocando Trump ha hecho que partidos populistas en Europa, como Podemos, lo vean como el salvador que llegó de entre los cielos para eliminar el maldito TTIP. En muchos sentidos, la globalización ha traído muchos problemas porque no se ha controlado de la manera adecuada, pero la eliminación de ésta no es la solución. Es posible que Trump, al fin y al cabo, solo esté tocando la flauta para seguir siendo el mismo americano de siempre: establecer condiciones al resto del mundo para que éste siga estando a sus pies.

David Rubio

 

trump

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

www.000webhost.com